(Píldoras Literarias) “Tormenta de arena” de T. W. Piperbrook.
: .
Hola a todos un caluroso día más.
Para no desentonar con el ambiente, hoy comparto mis impresiones sobre la versión digital del omnibus “Tormenta de arena” del escritor Tyler Piperbrook. Más de mil páginas de calor sofocante, arena y monstruos subterráneos.
La acción transcurre en un planeta desértico. En su día se instaló allí una colonia minera. Durante un tiempo prosperó. Sin embargo, por causas desconocidas, perdieron el contacto con la civilización galáctica para la que explotaban los recursos de aquel inhóspito lugar. Desde entonces, sucesivas generaciones de humanos subsisten haciendo frente al abandono de que han sido objeto, las tormentas de arena, la peligrosa fauna y la escasez.
Hasta aquí el planteamiento me pareció atractivo. No conocía de nada al autor o a su obra. Simplemente me apareció en descarga dentro del programa Prime Reading de Amazon. Se anunciaba como una serie completa, 1.100 páginas aproximadamente. De manera que lo descargué y leí.
A bote pronto, el mismo autor reconoce que es un homenaje a “Dune”. Ya en la portada tenemos al gusano de arena gigante. Así pues, nos movemos en el ámbito de la space opera, casi mejor en el de espada y planeta, diría yo.
Me explico: los descendientes de los colonos mineros, por tener, no tienen ni electricidad. Subsisten cazando la escasa fauna local (ratas, escarabajos, serpientes, una especie de cérvido y lobos) con lanzas manufacturadas con el metal que conservan o encuentran. Su otra fuente de sustento son unos magros cultivos. Carecen de ganadería y, por lo tanto, de lácteos; la malnutrición y la osteoporosis causan en la población unos estragos equiparables en su gravedad a los destrozos provocados por las tormentas de arena… y sin embargo tienen un río, no un torrente estacional. Un río que no se sabe dónde nace, ni dónde desemboca, y en el que no se pesca, ni navega. Lo mismo que no se sabe qué sacaban de unas minas ahora abandonadas y cuyo acceso está prohibido por los líderes del poblado.
Unos líderes hereditarios que mantienen su posición de privilegio sobre la población mediante el control de la información (y el engaño), inculcando el miedo a todo cambio en el estatus quo (y señalando chivos expiatorios para descargar tensiones) y mediante el uso de la fuerza (y eliminando discretamente a quienes los desobedecen cuando no les conviene armar revuelo).
Para ello cuentan con un nutrido grupo de vigilantes, unidos en una suerte de hermandad juramentada, a los que hacen sentir especiales compartiendo con ellos una parte de la información que ocultan al resto de la población.
Siguiendo su ejemplo, quienes se encargan de los cultivos del poblado también mantienen sus conocimientos sobre agricultura dentro del círculo familiar (esos misteriosos vegetales que el autor no explica si son legumbres, hortalizas, cereales, cactus o qué). Más de lo mismo ocurre con los sanadores (que tampoco sé con qué medios cuentan para su labor). Esta sociedad está a una comida del tumulto.
Con este escenario de fondo, nos convertimos en testigos de excepción de las vidas de tres jóvenes huérfanos y su reducido círculo social. A la hermana mayor le ha tocado ejercer las funciones propias de sus progenitores (parentificación), mientras que el hermano mediano cuida del más pequeño de los tres. No están del todo solos; se puede decir que una anciana sin más familia los ha adoptado. Pero el resto del poblado ya tiene suficiente con sus problemas y se mantiene lejos de ellos.
Esta actitud se agrava al existir una marcada división del trabajo en función del género: son los hombres los que cazan. La hermana mayor, obligada por las circunstancias, rompe esa convención social y es rechazada por los grupos de cazadores varones. A su vez, los hermanos pequeños son objeto de burlas por los otros niños que los identifican como un blanco fácil sobre el que abusar.
Esta situación tiene consecuencias. La hermana va a cazar sola donde no va nadie (otra zona prohibida) y su hermano preadolescente, necesitado de validación y aceptación, intenta demostrar que ya no es un niño siempre que puede.
Así las cosas, ambos a su manera pondrán en marcha una serie de eventos que cambiarán dramáticamente las vidas de quienes los rodean.
En lo que respecta a la edición, presenta un acabado irregular, nada excesivamente cantoso, en la línea de parte del material autopublicado en Amazon. Cuenta con créditos a la traducción, pero dudo que fuese madre lengua español. En todo caso, la corrección tampoco destaca. Se puede decir que, lejos de ser una superproducción tipo “Dune” (2021), está más en la línea de “Temblores” (1990).
En lo que a mí respecta, pese al buen ritmo imprimido por lo breve de los capítulos y los frecuentes cambios de punto de vista, el interés fue de más a menos. La psicología de los personajes me pareció mucho más sólida y convincente que el diseño del mundo, pero al final la lectura se me hizo pesada. Me hubiera gustado algo más de exploración del planeta y desarrollo de la civilización (el final abierto insinúa la posibilidad) y menos embates con el monstruo (o menos páginas).
Y esto es todo por hoy. Os dejo con los Iron Maiden y la canción sobre “Dune” que, según he leído, no gustó a F. Herbert: “To tame a land”.
Nos leemos.





Comentarios
Publicar un comentario