(Píldoras Literarias) "Salitre y cenizas" de Carlos di Urarte.
Hola a todos. Muy buenos días.
Hoy comparto con vosotros mis impresiones sobre “Salitre y cenizas” de Carlos di Urarte, novela grimdark nacional, publicada por Ediciones Transbordador.
La historia nos transporta a una versión oscurantista de la España moderna, con sus territorios de ultramar, sus conversos, su Inquisición y sus pervivencias paganas anteriores al cristianismo. Así, en su conjunto, el autor lleva la ambientación varios pasos más allá de lo que podemos encontrar en “Aquelarre”, el decano de los juegos de rol españoles, y nos ofrece su propio “Mundo de Tinieblas: Edad Oscura”, centrado en una Cantabria alternativa.
Carlos no desaprovecha la libertad que el género le ofrece y le da unas cuantas vueltas de tuerca a la siniestra a creencias, costumbres, instituciones y lugares fácilmente identificables. De este modo, nos encontramos con las empinadas cuestas, barrios y callejas de Santander, sus mártires, sus mariscadoras, sus raqueros… Si no estoy equivocado, incluso el puente que en el libro llama de San Justo existió, aunque yo solo lo conozco por fotografías antiguas.
| Puente de Vargas o de las Atarazanas a principios del siglo XX. |
De hecho, me encanta el capítulo donde habla de dicho puente y su origen. Es un ejemplo perfecto de cómo el autor maneja la información sobre el mundo y de la manera en que piensan sus habitantes: de un lado está la realidad y por otro las mentiras que quieren creer.
Ahí es donde radica el conflicto de su protagonista con el mundo circundante: ni entiende ni quiere aceptar esa doblez de sus paisanos entre el decir y el obrar. El autoengaño como estrategia de supervivencia le es ajeno. No se doblega a la presión social y sufre las consecuencias, rechazos y agresiones del que anda como perro sin amo. Así va de una compañía a otra, de un trabajo a otro, en busca de aceptación y cariño, cosechando un fracaso tras otro, mientras su corazón se llena de cicatrices y de una ira que amenaza con explotar a cada desprecio de que es objeto.
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| Novela negra de breve extensión escrita por el también cántabro Marc R. Soto. Sin elementos sobrenaturales, pero con lugares, atmósferas y mentalidades propias de aquí arriba muy bien empleadas en pro del relato. Me decía un amigo madrileño que aquí arriba nos faltaban horas de sol. Razón no le falta. |
Gran parte de este conflicto realidad frente a apariencias deriva de un concepto que me ha encantado: la ley del tejo. Me explico: de un lado tenemos las leyes venidas de la capital del reino (ligeramente más avanzadas o benignas, muy ligeramente) y del otro las costumbres de toda la vida que se resisten a ellas. Al contrario que la temática LGTB, de la que no opinaré al saber entre poco y nada, con esta ley paralela y sus representantes sí que he chocado y pienso que el autor ha representado muy bien cómo funcionan y la sensación de aislamiento e indefensión que generan en sus víctimas.
En cuanto a los elementos sobrenaturales, comienzan poco a poco, con los duendes del hogar, y van subiendo de escala, igual que una sinfonía bien ensayada, hasta desatarse en las páginas finales. Me ha gustado mucho la manera en que el autor entremezcla las creencias cristianas, paganas y prerromanas, aderezándolas todas ellas con un toque lovecraftiano, dagoniano y de las Islas del Hierro.
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| Más de aquí en mi creciente colección. |
Lo que no me ha gustado tanto es el uso del narrador en primera persona o poco fiable. Hay dos momentos en que se contradice y no sé si es un despiste del autor o algo deliberado. Luego está esa guerra con el vecino país de Irate… Si viene del euskera “irati”, me parece un feo detalle. En cuanto a la aplicación del grimdark a la España de la Inquisición, tengo sentimientos encontrados. No me gustan los excesos presentistas a la hora de enjuiciar la historia. Tanto la leyenda negra como la rosa me desagradan. Ni “Torrente”, ni “Aquí no hay quien viva” son de mi gusto. Entiendo que son manifestaciones culturales tan nuestras como los esperpentos de Valle Inclán y el “Buscón” de Quevedo, pero prefiero espaciar la dosis.
En cuanto a la edición, las erratas son muy escasas (“clasesclase” en el capítulo 15 me sorprendió por lo llamativa). Muy bien representado, en un episodio enternecedor, por cierto, el leísmo tan extendido entre nosotros los cántabros, a través de la abuela Tinina, aunque Tinuca habría sido más de aquí todavía. En fin, lo dicho, si os gusta ese estilo sucio y gamberro de “El día de la bestia” (1.995), el atavismo de “Gaua” (2.025) o el toque folk horror de “Pacto de brujas” (2.003), pienso que disfrutaréis enormemente con esta lectura.
Por mi parte, me despido con Tam Tam Go! y su “Manuel Raquel”:
Nos leemos.






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