(Píldoras Literarias) La serie de Quinto Licinio Cato de Simon Scarrow II.
Hola a todos.
Hoy comparto con vosotros mis impresiones sobre los libros XX, XXI y XXII de la serie del escritor Simon Scarrow sobre sus celebérrimos Macro y Cato.
Antes debo admitir que me he saltado unos cuantos libros (ya los leeré). En una píldora literaria anterior ya comenté que la serie había bajado en intensidad. Me parecía que Scarrow estaba dando tiempo a Cato para progresar en su cursus honorum sin escribir algo memorable. Después entró en el tema de las intrigas de los Julio-claudios con Cato en plena crisis personal, simpatizando con Británico, y en ese momento yo no necesitaba más platos amargos.
Y ahora me llegaron estos tres libros centrados en la rebelión de Boudica, episodio recurrente del nacionalismo británico. Una historia que ya al principio de la serie, cuando cruzó los caminos de Macro y Cato con la icena, resultaba evidente que Scarrow quería escribir.
Así, en el libro XX tenemos a Macro retirado de las legiones afincado en Camulodunum. A Cato como prefecto participando en la destrucción del santuario druida de Mona y a Boudica y sus hijas sufriendo el ultraje que desencadenó la rebelión de los britanos.
En el libro XXI presenciamos el baño de sangre y devastación de romanos, primero, y britanos, después. El completo desgobierno de la provincia, con Macro sobreviviendo a lo indecible, preso de las tribus y con Cato al lado del gobernador Suetonio, intentando salvar los muebles hasta la gran debacle de la insurrección.
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| Atentos a ese XXIII |
Y en el libro XXII acompañamos a Cato en su misión de caza y captura de los recalcitrantes icenos, refugiados en tierras pantanosas igual que hará siglos después Alfredo el Grande.
Tal y como os podéis imaginar, a estos libros los he dado en llamar “La trilogía de Boudica”. La reina de los icenos no es una antagonista cualquiera y, por lo tanto, no sorprende que comparta protagonismo con Cato y Macro. A fin de cuentas, el autor se reconoce heredero de las dos culturas enfrentadas. Eso sí, no esperéis que ponga paños calientes a los excesos cometidos por unos y otros.
La idea que predomina es que aquello fue un fracaso descomunal provocado por quienes en Roma defendían el abandono de Britania frente a la simple codicia y desprecio romanos por los pueblos sometidos. Un planteamiento que el autor refuerza con la fatalista aceptación de Cato en cuanto a su papel de “espada del Imperio”. Cato sabe que su causa no es justa, pero la considera inevitable y trata de causar la menor destrucción posible en aras de una convivencia futura. Aunque con ello ponga en riesgo su carrera.
En ese aspecto me ha recordado las novelas sobre un policía militar alemán durante la II GM. El viejo tropo de “qué buen vasallo, si tuviera buen señor”.
Luego está Macro en su papel de veterano retirado de las legiones y su nueva vida civil. Por un lado, nos introduce en el día a día de una colonia de nueva fundación y sus roces con la población local. Y por otro le da al excenturión un aire de personaje que ha alcanzado su máximo desarrollo y ya es prescindible. Esto último hace que los peligros que afronta resulten más emocionantes, pues ahora sí que puede morir en cualquier momento.
Hasta ahora hemos visto a la pareja protagonista caminar indemne en medio de la tormenta mientras los rayos fulminaban a quienes los rodeaban. Algo espectacular, sí, pero sin esa sensación de verdadero peligro de una “Canción de fuego y hielo”. Sin embargo, debo admitir que el que una de las muertes más importantes en lo afectivo para los protagonistas termine ocurriendo fuera de cámara me decepcionó un poco.
Otro tema presente desde el principio de la serie: el de las temerarias ambiciones de los gobernadores provinciales y su corte de jóvenes tribunos; tiene también su lugar en estos tres libros. Al ejemplo negativo de Vitelio se suma ahora el positivo de Agrícola (quién sabe, tal vez Scarrow nos haya presentado al sucesor de Cato). El lamento por el modo en que políticos incapaces o corruptos sacrifican las vidas de los legionarios se intensifica. Aunque sin llegar al punto de un Arturo Pérez-Reverte o de un Lartéguy. Se aproxima el año de los cuatro emperadores y supongo que Scarrow alineará a Cato con el partido de su viejo comandante Vespasiano.
Me intriga la manera en que enfocará el autor estos eventos. La contraposición del soldado leal con el político interesado es un tema delicado. Si sumas a la mezcla la idea de una sociedad civil inoperante, corres el riesgo de enviar un mensaje controvertido. Dioclecianos que renuncien pacíficamente para cultivar su huerto ha habido muy pocos a lo largo de la historia. En fin, no adelantemos acontecimientos; ya se verá.
Otro aspecto relevante atañe a la calidad de la edición. Los libros XX y XXI están al nivel acostumbrado de una editorial de renombre como es Edhasa. Ahora bien, el XXII tiene un arranque farragoso.
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| No entiendo qué ha ocurrido aquí. Tal vez "Quinio" lo sepa. |
Ignoro las circunstancias personales o las condiciones laborales del equipo encargado de la traducción y/o corrección, pero la primera impresión por mi parte fue de extrañeza. Según avanza la novela, eso sí, la sensación de que algo falló desaparece.
Y nada más por mi parte. Me despido con los Iron Maiden y su “The Clansman”:
Nos leemos.










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