(Píldoras Literarias) "El dios que habita la espada" de José Soto Chica.

Hola a todos un día más.

Bueno, ya terminé de leer la novela que el exmilitar e historiador José Soto Chica dedica a la Hispania de Leovigildo y puedo decir que ha sido toda una experiencia: intrigas, batallas, lealtades enfrentadas, aventuras y magia.


A ver, la historia corre de la mano de Valtario, hijo de un gardingo leal al rey. De muy joven sufre la pérdida de amigos y familiares a resultas de las tan frecuentes luchas de poder que hicieron tristemente famosa a su gente. Esto causa una herida emocional profunda en el personaje. Digamos que de las fases del duelo empieza la novela en la rabia. La presión social y las expectativas de la clase guerrera a la que pertenece tampoco le ofrecen más alternativa que el camino de la espada. "Los hombres no lloran, tienen que pelear" rezaba la canción. Así, implacable y sombría es la reputación que se gana Valtario en un tiempo en que el honor, la fama y el renombre lo eran casi todo para un hombre.



A lo largo de la novela, el temible Valtario irá reconstruyendo su humanidad ladrillo a ladrillo. Primero será la promesa de Leovigildo de un futuro para su gente: un reino, un pueblo y una ley. Después, la aceptación de su papel como el ensangrentado brazo ejecutor de la voluntad regia para proteger a quienes dependen de él y por último, la fundación de un hogar y una familia.

Como podéis ver, es un etnotipo, la reconstrucción del periplo vital de un noble visigodo. El tono general de la obra es, cómo decirlo, al estilo de las películas históricas hollywoodienses. Para fidelidad histórica, ya tiene sus monografías.



Aquí prima el tono heroico. Bellas mujeres y valor individual capaz de decantar batallas. Hablando de batallas, no esperéis descripciones como las de Santiago Posteguillo. José Soto prioriza la visión a largo plazo de Leovigildo frente a las batallas en sí.

Primero presenciamos un inicio “modesto”: campañas de saqueo contra villas y pueblos desprotegidos con un ejército formado exclusivamente por tropas de caballería. Pura guerra psicológica que siembra la derrota en el corazón de sus adversarios y cuyo éxito atrae bajo su égida a los reticentes señores visigodos. Tras el saqueo llega la conquista. El palo y la zanahoria. El modelo es Alejandro Magno: respeto si se rinden, arrasamiento si se resisten.

Paulatinamente, vemos crecer el poderío militar del reino de Toledo hasta ser capaz de movilizar fuerzas ingentes y financiar punteras máquinas de asedio. Simultáneamente, mientras las ambiciones de Leovigildo toman forma, el alejamiento entre sus herederos va a más.

En efecto, al estilo de lo que nos encontramos en la “Yo, Julia” de Santiago Posteguillo, centrado en su ambición, Leovigildo desatiende a la familia. Aunque, al contrario que Julia, él sí que es consciente de lo que sucede entre sus hijos. Aquí hay algo que se puede interpretar como una broma cruel. En su afán por imitar a los emperadores romanos, Leovigildo y su hijo mayor acaban repitiendo la historia de Constantino el Grande y su primogénito. Lo cual nos lleva a Godsvita.

La viuda del rey anterior no se resigna a ser depuesta y apartada a un convento. Si Leovigildo es la encarnación del belicoso Marte, ella lo es de la seductora Venus. Personaje central, tejerá intrigas sin fin para asegurar su posición. Aliada temporal, adversaria permanente, arriana convencida, jugará todas las cartas en su mano con tal de alcanzar sus objetivos. Así, mientras que Leovigildo sacrifica su felicidad conyugal junto a su primera esposa para casarse con ella y traer orden al reino, ella no duda en provocar el caos con tal de aferrarse al poder. Hay varios momentos en los que Valtario corre peligro debido a sus maquinaciones. El que más llamativo me resulta es uno en el que le abandonan a su suerte en medio de un lance de batalla. Lo que más me llama la atención es el paralelismo con un episodio similar en “Herederos de Roma” de Sergio Alejo López. Cambia el detalle de que Valtario encabeza el ataque y el protagonista de Sergio la defensa. Una argucia tras la que está San Hermenegildo mártir, que ya os adelanto, aquí de santo no tiene nada.

Una idea recurrente en la obra es la de los avatares de la vida como golpes de herrero que forjan o quiebran a las personas. A Hermenegildo la traición de Leovigildo a su madre lo quebró. Resentido con su padre y su hermano, vaga como perro sin amo, lo cual lo convierte en una herramienta a utilizar contra ellos y desechar luego. Hay algo de trágico en la manera en que se despide de su mujer e hijo. 

Entre tanto, Recaredo representa la inocencia de la infancia, hasta que la traición y el veneno le imparten lecciones que nadie disfruta aprendiendo. Si lo que buscáis es una lectura de comfort en la que los malos sean malos porque sí y los buenos venzan sin rebajarse a utilizar las herramientas de sus adversarios, aquí no es.


Titus | Roman Emperor & Conqueror of Jerusalem | Britannica

Luego está el tema de la magia en la obra. Hay autores de novela histórica que prefieren obviar este tema. Hay autores que lo enfocan desde el punto de vista de la superstición y la autosugestión, juegos mentales de embaucadores profesionales y crédulos ignorantes. Y hay autores que optan por el espectáculo y lo presentan como real ("Hay más en este mundo de lo que tu ciencia puede explicar" y tal y cual). En un primer momento, José Soto parece optar por el camino de la superstición y la autosugestión; sin embargo, más adelante abraza el tercer camino alineándose con Manfredi y Negrete.

No es una crítica, no tengo inconveniente con ello; lo comento para aquellos que no gustan de dicho enfoque. Además, tal y como él mismo comenta al final del libro, José Soto se ciñe a la magia histórica. Algo parecido a lo que Harry Turtledove hace en su reimaginada lucha en clave fantástica entre Roma y Persia en su serie sobre “Las mil ciudades”. Viejas maldiciones susurradas por sabios paganos y el verdadero nombre de ángeles y demonios. Magia egipcia helenística y neoplatonismo aplicado a las tradiciones bíblicas.


Otro aspecto que he disfrutado mucho es el de las pervivencias paganas en la cultura y mentalidad de sus personajes. Aunque San Millán se me antoja demasiado tolerante. Considero que la actitud de que hace gala era muy minoritaria en aquellos tiempos.


Iglesias rupestres de Valderredible, tesoros ocultos de Cantabria


            "Lo halla al poco, orando junto a un descomunal fresno.
Al acercarse, Valtario descubre que a los pies del árbol hay una vieja estela en la que, quizás en la noche de los tiempos, los hombres tallaron un caballo al galope. Sobre el caballo se ven espirales, o rayos. Un destello, un movimiento que transforma al caballo; algo que, de alguna manera, Valtario percibe como sagrado.
Millán está rezando de rodillas junto al fresno, como si se dirigiera a la estela del arcano caballo. Valtario no quiere molestar y aguarda, paciente."
          "–¿Ese caballo es un Dios de los días antiguos? –pregunta de sopetón al santo después de orar un buen rato. –Ese caballo es Dios. Los hombres no conocían su nombre. Vivían en la oscuridad. Pero, incluso en la sombra más profunda, se percibe que la luz debe de estar en algún lugar, pues ¿podrían existir las tinieblas sin luz? Así que los hombres adoraban (y adoran) cosas extrañas y, a veces, perversas, simplemente porque no conocen el nombre de Dios, pero siempre lo intuyen; así, los que esculpieron este caballo portador de sol intuían que Dios estaba en el sol y en la luz, en la fuerza y la valentía, y adoraban todo eso, y también al gran fresno que se alza junto a la estela."
             San Millán de la Cogolla en "El dios que habita la espada" de José Soto Chica.
         Así, de sopetón, puede sorprender una actitud tan tolerante. Sin embargo, el sincretismo religioso era una práctica común en el Mediterráneo al menos desde tiempos helenísticos. Durante la tardoantigüedad hubo quienes abogaron en cierta medida por conservar ese enfoque, pero sin el éxito de sus predecesores. Mucho se perdió en el camino.
        Tambien hace una breve aparición un joven San Isidoro, autor de las "Etimologías", quien trató de conservar cuanto pudo del conocimiento clásico. Aunque es una mención fugaz.

Estelas de Barros (Cantabria)

        Una de las estelas prerromanas que veis en la fotografía se encontró troceada en los muros de la ermita de Barros. La otra, más conocida, se encontró mucho antes en un campo de labranza enterrada junto a una imagen de la Virgen. En unas ocasiones, la cultura heredera se apropia e reinterpreta lugares y símbolos. En otros trata de borrarlos.
         Sin embargo, yo creo que nunca hacemos tabla rasa con el pasado (Jean Chesneaux). Y mucho me temo que hay ideas y costumbres que afloran de nuevo (no siempre para bien), igual que esa gotera o ese bache de los que tan hartos estamos.
      En mi pueblo, sin ir más lejos, durante la noche de San Juan, 24 de junio, se quema un monigote que lleva colgado una semana, al que llamamos el tío Juanón. Desde el punto de vista antropológico, ahí tenemos una fiesta de la cosecha con un sacrificio humano por sustitución. En la línea del famoso Burning Man actual que se retrotrae a antiguos rituales celtas mencionados por Julio César en "La guerra de las Galias".

Las centenarias fiestas de San Juan se despiden hoy quemando al 'Tío Juanón'

En cuanto a la escritura, no me acaba de convencer el presente histórico. Yo lo he usado; me salía natural gracias a la experiencia dirigiendo partidas de rol, pero ahora prefiero utilizarlo solo para transmitir momentos de desorientación tipo sueños y delirios. 

Hablando de transmitir sensaciones, hay un capítulo en concreto en el que José Soto recurre a la enumeración de elementos para desbordarnos. Es el equivalente por escrito a esa cámara subjetiva que nos ponen en el cine cuando el protagonista se ve rodeado por la multitud y no sabe por dónde ir. Tipo la retahíla de descripciones de un estandarte tras otro de G. R. R. Martin en Poniente o el listado de pueblos y líderes que Virgilio reúne en los campos de batalla en "La Eneida". Recurso heredado de la tradición oral que mantiene su vigencia en el ámbito musical.



Sin embargo, al no ocurrir nada relevante después, me dejó insatisfecho. Igual que cuando menciona una batalla naval en el Atlántico entre francos y visigodos, pero no la desarrolla. Me hubiera gustado leer algo así. Me he quedado con la duda de cómo serían las flotas, si más parecidas a las antiguas del Mediterráneo o a las altomedievales del Atlántico. Imagino que estuvieran formadas mayoritariamente por liburnas y carecieran de dromones bizantinos. Tendré que buscarlo.


Paseo en barco por Roma - Reserva online en Civitatis.com


En líneas generales, la faceta de José Soto Chica como novelista me ha gustado y repetiré con él. Siento cierta afinidad con su manera de narrar y toca temas que me interesan. En fin es todo por hoy. Os dejo en compañía de los estadounidenses Visigoth y su “Steel and silver”:



Nos leemos.

Comentarios

Entradas populares