(Píldoras Literarias) "Of Blood and Bone" de John Gwynne.

 


Hola a todos.

El caso es que hace ya tiempo que terminé de leer la trilogía “Of Blood and Bone” de mister John Gwynne y varios me habéis preguntado qué tal con ella.

Os recuerdo que es la continuación, siglo y pico después, de su tetralogía sobre las Banished Lands.

Partimos de la derrota y ocultación de los diabólicos Kadoshim y la instauración de un Protectorado por parte de su angélica contraparte, los Ben-Elim.

A lo largo de estos tres libros, el autor nos pone al día de cómo les fue a los protagonistas de la serie anterior y nos presenta un nuevo plantel de personajes:

  • Drem, un joven trampero que no lleva nada bien, ni los muros, ni las multitudes.

  • Riv, una joven recluta de los ejércitos del Protectorado con un serio problema de autocontrol.

  • Bedlan, un rehén del Protectorado, retenido, al estilo de los hijos de los caudillos bárbaros por los romanos, para educarlo y asegurarse la colaboración de su pueblo.

Luego están sus compañeros y sus enemigos. Pero los tres protagonistas principales son ellos. Y ahí está el problema que me he encontrado con esta serie: los protagonistas no protagonizan.

Me explico. Hasta casi el final del segundo libro, son personajes gregarios, seguidores en vez de líderes. Aquí no hay un Corban testarudo desoyendo a sus mentores e imponiendo su brújula moral al grupo. Tampoco tenemos a un Camlin yendo por libre, o a un Maquin luchando a la desesperada. Hay un momento, incluso, en el que uno de ellos llega a decir que los están llevando de un lado para otro como si tuvieran una argolla en la nariz.

Todo esto cambia en la recta final del segundo libro. De ahí en adelante, los tres personajes dejan atrás sus inseguridades y ataduras para tomar las riendas de su destino. Desde ese momento, lo que yo llamo el “síndrome Aquasilva” desaparece y John Gwynne pisa el acelerador. El tercer libro es fantástico en ese aspecto.

No obstante, los siete libros de las Banished Lands presentan una llamativa inconsistencia en lo que respecta a sus villanos principales: los Kadoshim. Inconsistencia en sus números y en su nivel de amenaza. Son como el Hulk de Marvel o los marines del caos del WH40K; su número y su poder crecen y decrecen como las fases de la luna. Además, la idea de unos seres en guerra eterna contra sus iguales (no dejan de ser ángeles caídos) y que siempre acaben luchando a zarpazos y mordiscos sin conocimiento alguno…

Lo que sí me ha gustado es la manera sutil de llamar nuestra atención sobre la naturaleza común de ambos seres. Hay aspectos en los que Gulla el Kadoshim muestra más rasgos positivos que muchos Ben-Elim.

Algo parecido me ocurre con los “revenants”, los “vampiros” de esta trilogía y lo que mis jugadores de rol llamaban: “apretar un botón”. Enemigos terribles, pero una amenaza que luego basta con “apretar un botón” y acabas con ella. La gracia de la primera tetralogía era que, aun destruidas las fuentes de poder, no se solucionaban los problemas por arte de magia. Aquí tampoco es tan sencillo a nivel global, pero recurrir a la idea de “matar a la reina alien” o “arrojar el anillo al volcán” y asunto arreglado, ya no convence.

Otra cosa sobre la que me ha hecho reflexionar esta trilogía es sobre la manera de manejar el tema de las traiciones en las novelas. Me explico:

  • Por un lado, tenemos las traiciones “honestas” con el lector. Hay un personaje que alberga malas intenciones contra los protagonistas. Los personajes no lo saben, pero los lectores sí. Aquí las cuestiones son cuándo y hasta qué punto les hará daño.

  • Por otro lado, están las inesperadas. Ese personaje que incluso te cae bien y de pronto el autor te la clava. Aquí me importa mucho la explicación posterior.

John Gwynne recurre a ambas en los diez libros que he leído de él. En algunos casos considero que acierta al desarrollar temas de conflictos de lealtades y tomar decisiones difíciles, que pueden ser acertadas, o no. También puede haber una vía de redención o porfiar y condenarse del todo. Es un tema que da para mucho. Sin embargo, pienso que en esta trilogía no está tan fino como en las otras dos sagas.

Dicho esto, comprendo que sea la “Bloodsworn”, su última serie, la más redonda de ellas, la única traducida al español. En cierto modo, se puede aplicar aquello de “tesis, antítesis, síntesis” a estas tres sagas.

En la primera de las Banished Lands se le criticó el exceso de puntos de vista, de personajes y subtramas. En la segunda simplificó en exceso y hay personajes secundarios que casi no tienen desarrollo. En la tercera logró el equilibrio y la limpió de “grumos”, como ya comenté en entradas anteriores.

He visto anunciado en las RRSS un nuevo proyecto de este hombre. Parece ser que en esta ocasión tomará elementos de la mitología eslava. Estaré atento para ver si mantiene el nivel alcanzado en la historia de Vigrid.

Dicho esto, si como yo disfrutáis leyendo las obras de autores como R. A. Salvatore o Bernard Cornwell, pienso que también os gustará lo que escribe Gwynne.

Eso es todo por hoy. Me despido con los Hammerfall y su “Between two worlds”.


Nos leemos.



Comentarios

Entradas populares